Inflamación
y antiinflamatorios.
La inflamación es una respuesta del
organismo que obedece a un mecanismo de defensa, que se expresa
en variadas reacciones, frente a un agente que los tejidos o células detectan
como una amenaza o agresión. Agentes desencadenantes pueden ser
gérmenes patógenos como virus, bacterias, hongos, que, al ser detectados
comienza la liberación de una serie de sustancias químicas, mediadores,
que junto a glóbulos blancos inhiben su proliferación para evitar enfermedades
graves.
También pueden ser reacciones a lesiones
externas e internas, irritación, cirugía, contacto con radiaciones, frío,
calor, irritantes químicos, venenos, toxinas, alérgenos.
La finalidad de esta reacción es localizar
(focalizar) y eliminar el tejido dañado para que el cuerpo pueda empezar a
recuperarse.
El problema con la inflamación se produce
cuando nuestro sistema inmunitario (de defensa) está fuera de control y empieza
a destruir el tejido sano, causando más daño que la causa original. Ocurre
generalmente cuando una inflamación que no ha podido ser controlada dentro de
un tiempo prudente se vuelve crónica. También en patologías autoinmunes que sin
alguna amenaza en particular ocasionan un desequilibrio en los procesos
inflamatorios. Como consecuencia se originan daños en los tejidos internos, las
articulaciones se vuelven más rígidas y aumenta el riesgo de crecimiento
anormal de las células. Además aparecen dolores crónicos recurrentes y otros
incómodos síntomas que afectan en forma significativa la calidad de vida. Como
ocurre en la artritis y otras.
Si la inflamación es aguda en pocos días se
resuelve, si la inflamación persiste se convertirá en inflamación crónica
que puede durar meses, años e incluso toda la vida.
Independiente de la causa la inflamación produce
5 características comunes en el lugar de la inflamación:
v Calor: aumento de
temperatura.
v Rubor:
Enrojecimiento por aumento de la circulación, vasodilatación.
v Dolor: por presión
o irritación de nervios del dolor.
v Tumor: Aumento de
volumen o edema por la salida de líquido.
v Impotencia de la
función: El órgano o parte del organismo no puede funcionar como se debe.
Todos los fenómenos que se observan en la
inflamación, más que por el agente desencadenante, se deben a la liberación y activación
de los mediadores como consecuencia de la agresión: acumulación de
células defensivas (inmunológicas), agua y el aporte sanguíneo.
Casi todas las enfermedades crónicas y/o degenerativas
tienen una relación directa o indirecta con procesos inflamatorios e incluyen
un estado proinflamatorio inducido en gran parte por la dieta que prevalece en
la cultura occidental, el estrés y el sedentarismo.
Tratamiento:
Prostaglandinas son las sustancias químicas
que produce el organismo que causan la inflamación.
Los AINE, antiinflamatorios no esteroidales,
son indicados para prevenir que el cuerpo produzca mayor cantidad de
prostaglandinas (inhiben su síntesis) lo que ayuda a reducir la inflamación. La
respuesta inflamatoria no se puede, ni se debe, bloquear porque la inflamación
es una respuesta defensiva.
Los esfuerzos terapéuticos eficaces van
encaminados a modular la respuesta inflamatoria, en vez de la supresión,
para evitar la liberación desordenada de mediadores que convierten su efecto
defensivo en nefasto. La mejor forma moduladora sería a través de la
alimentación.
En la dieta occidental los alimentos
proinflamatorio son muchos. Estos aceleran el envejecimiento y favorecen muchos
trastornos de la salud y enfermedades relacionadas con procesos inflamatorios.
Nuestro intestino juega un papel
fundamental en nuestro sistema inmunitario. Alimentos mal digeridos, toxinas,
desequilibrio en la microbiota o permeabilidad intestinal favorecen la
inflamación y la enfermedad.
Alimentos Proinflamatorios:
En general: Alimentos en salazón, cocidos a
alta temperatura, azúcar de todos los tipos, todo tipo de frituras, alimentos
que a usted individualmente le producen alergia: gluten, lácteos, frutos secos,
huevos, soja, verduras solanáceas.
v Lácteos: Leche, queso, mantequilla,
margarina, yogurt y los preparados que lo contienen.
v Carnes rojas en exceso, carnes curadas
y procesadas (longanizas, vienesas, cecinas, paté, etc.)
v Dulces en general:
Biscochos, edulcorantes, frutas en conserva, galletas, mermeladas, confituras,
jaleas, pasteles.
v Alimentos con exceso
de sal (deshidrata y estriñe),
v Aceites vegetales altos en ácidos
grasos omega 6 (de semilla de uva, de algodón, cártamo, maíz, girasol, palma,
soja)
v Aditivos
alimentarios sintéticos: Aspartamo, glutamato monosódico (GMS), saborizantes, conservantes,
edulcorantes.
v Frituras y comidas empaquetadas (aportan
grasas trans, saborizantes)
v Harinas refinadas: de trigo, arroz,
maíz y sus preparados de pan, pasta, pizzas, pasteles.
v Cereales, granos y
tubérculos: arroz blanco, café, cereales para el desayuno a base de arroz maíz
o trigo, cereales con gluten, maíz, fideos instantáneos, palomitas de maíz.
v Frutos secos: tostados, con
aditivos salados o dulces, maní,
v Bebidas:: alcohólicas en
general, carbonatadas (CO2 dificulta digestión y aumenta acidez, azúcar
refinada), azucaradas, energéticas, zumo de frutas azucarados, néctar de
frutas.
v Alimentos que contienen
histamina o sustancias liberadores de histamina.
En general, alimentos cuyo consumo está
relacionado con: malestar estomacal, estreñimiento, diarrea, urticaria,
dificultades respiratorias, dolores musculares, calambres, dolores articulares,
de huesos, irritación de mucosas, dolor de oídos, hígado, riñón, intestino….
Alimentos
Antiinflamatorios:
· Alimentos alcalinos: jugos o batidos vegetales (zanahoria,
manzana , apio, espinaca …) espinaca cruda, brócoli, col, zanahoria, remolacha,
lechuga, ajo, higos secos, pasas de uva, dátiles, uvas, papayas, kiwi, manzana,
pera, avellanas, almendras, jugo de limón, estevia, té verde.
· Frutas: Palta, albaricoques,
arándanos, bayas de goji, cerezas, frambuesas, fresas, granadas, kiwi, limones,
mandarinas, mango, manzanas, melocotón, naranjas, papaya, piña, pomelo.
· Vegetales: Acelga, ajos,
algas, berros, papa dulce, brócoli, bulbo de hinojo, calabaza, cardo, cebolla
roja, cebolleta, chalotas, col kale, coles de Bruselas, coliflor, espinacas,
judías verdes, nabos. Aceitunas, pimientos, chiles, cayenas, puerro, remolacha,
rúcula, tomate, zanahoria.
· Aceites vegetales: presión al frio.(ácidos
grasos omega 3) Aceite de oliva virgen extra, de canola, de coco, de almendra,
de palta, de macadamia..
· Especias: Cacao mayor al
70% y sin lácteos, albahaca, azafrán, hojas de hinojo, canela, cebollino,
cilantro, clavo, cúrcuma, estragón, jengibre, mejorana, menta, hojas de orégano,
romero, salvia, tomillo.
· Frutos secos y
semillas: (solo al natural por ser ricos en omega 6): Almendras,
avellanas, nueces, nueces de cajou, nueces de Brasil, macadamia, semilla de
lino, de chía, de calabaza, de girasol sin sal.
· Semillas y cereales: Amaranto (muy
bien lavado), avena sin gluten, arroz integral, arroz negro, arroz rojo, mijo,
quínoa (muy bien lavada), trigo sarraceno.
· Legumbres: Alubias,
garbanzos, guisantes, lentejas, soya ecológica.
· Bebidas y tizanas: Agua filtrada (6 a 8 vasos al día), manzanilla,
te verde, tomillo.
Nunca podremos deshabituarnos del tipo de
alimentación, arraigada, de un día para otro. Al leer todo esto, o cualquier
recomendación de cambio alimenticio, nos desmotivaremos al primer intento.
Tanto es así que cuando una se decide a hacerlo parece que está viviendo para
alimentarse y no alimentándose para vivir. Pero no se desalienten, vayan
incorporando a su alimentación, semanalmente, uno de los alimentos recomendados
como antiinflamatorios, pero no como un agregado o un alimento extra.
Reemplazando los nocivos por los que le favorecen…poco a poco aprenderemos a
alimentarnos sabiamente.
Que tu alimento sea tu medicina y tu
medicina tu alimento.