Las levaduras están presentes en nuestro
cuerpo poco después de nacer y viven en armonía con nosotros. Se encuentran en
la piel, aparato digestivo y genitourinario. Su función es absorber cierta
cantidad de metales pesados para que no entren en la sangre, nos ayudan a
degradar restos de carbohidratos mal digeridos, y junto con las bacterias
mantienen nuestro equilibrio intestinal y el pH. La flora intestinal y vaginal
junto con el sistema inmunitario, nos ayudan a mantener estas levaduras bajo
control.
Cuando el aumento de estas levaduras se escapa de control el organismo
permite que el exceso se transforme en hongos (estado dimórfico de la Cándida). En su
estado de levadura no es invasiva, mientras que en estado micótico produce
rizoides (raíces muy largas) altamente invasivas que pueden penetrar en la
mucosa de las paredes intestinales. Esto puede causar una
excesiva permeabilidad de la mucosa intestinal, permitiendo la introducción a
la sangre de sustancias (toxinas, proteínas mal digeridas, etc.) que pueden
actuar como antígenos alterando severamente el sistema inmunitario.
Por otro lado, una excesiva permeabilidad intestinal puede, a su vez,
deteriorar los receptores nutricionales celulares, favoreciendo la mal
absorción y, dando como resultado, una desnutrición.
Debido a esta misma característica los hongos también pueden migrar desde el
intestino, perforado por ellos mismos, a todos nuestros órganos produciendo
alteraciones funcionales y las consiguientes patologías crónicas.
Invadiendo a otros órganos: páncreas,
estómago, hígado, riñón, pulmón siendo estos tres últimos nuestros órganos
filtradores.
Así es como llegan al pulmón destruyendo células, debido a sus toxinas, en
mayor cantidad que las que se regeneran. Por eso se postula que la Candidiasis
Crónica podría ser una de las causas de la Fibrosis Pulmonar.
Si revisamos la lista de los síntomas que produce la Candidiasis Crónica nos
daremos cuenta que muchos de ellos están presente en las personas que padecen
Fibrosis Pulmonar desde antes de ser diagnosticadas. Esto nos habla de un
estado patológico asentado en nuestro organismo desde hace mucho tiempo, el
cual, no ha sido diagnosticado ni tratado como corresponde. Es necesario, para
ser responsable, dejar en claro que la solución no se limita a una sustancia
antimicótica sino a un tratamiento integral, holístico, que “al menos”
fortalezca nuestras defensas internas (nuestras bacterias benéficas) y la
alimentación adecuada que nos permita ponerle límite a la proliferación de
hongos.
Las enfermedades crónicas, como la Fibrosis Pulmonar predisponen, a su vez,
al aumento y proliferación patológica de estos hongos.
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Los previos, actuales y constantes tratamientos
con antibióticos.
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Tratamientos con corticoides.
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Terapias inmunosupresoras.
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Enfermedades autoinmunes.
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Enfermedades metabólicas, como diabetes,
tiroides.
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Tratamientos con bloqueadores de Hidrógeno (Omeprazol)
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Stress.
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Acidificación del cuerpo.
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Alergias previas
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Asma
Y muchas otras características.
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